Feliz dia de las Madres Mamá

Felicidades Mamá

Poema 1:

Sólo el amor de una Madre apoyará,  cuando todo el mundo deja de hacerlo.

Sólo el amor de una Madre confiará, cuando nadie otro cree.

Sólo el amor de una Madre perdonará, cuando ninguno otro entenderá.

Sólo el amor de una Madre honrará, no importa en qué pruebas haz estado.
Sólo el amor de una Madre resistirá,
por cualquier tiempo de prueba.

No hay ningún otro amor terrenal, más grande que el de una Madre.

Poema 2:

Tiene la frente pálida y tranquila, una santa mirada en su pupila y en los labios la savia del amor;
¿quién es ella, tan noble y abnegada, que nos habla de amor en su mirada  y cual nadie nos cuida con fervor?.

Es la madre, la santa, la bendita, la que al pie de la cuna nos musita  una dulce oración;  la que todo lo aporta por su niño, la que nos llena de inmortal cariño y nos da el corazón.
Tiene la frente pálida y hermosa cual si fuera del Cielo alguna Diosa  llena de bendición;  ella nos da salud con un abrazo, si sufrimos nos cura en su regazo  del más grande dolor.
Es la madre, la santa, la que llora,  el verdadero llanto que devora  su pecho maternal; la que cubre con besos nuestra frente, la que siempre es igual.

Dichosos los que vamos por la vida, y tenemos en ella a la querida madre abnegada que nos diera el ser.
Elevemos un canto a su grandeza, amémosla con toda la firmeza, que sentirá placer.

Cantemos a la madre en este día;  yo que tengo a la dulce, la que es mía,  la bendigo con íntimo fervor;  los que la lloren para siempre muerta, vayan del Cielo a la gloriosa puerta que está cerca de Dios.

¡Benditas madres que en afán prolijo,  dieron toda la vida por el hijo  que fue su adoración…!  ¡Bendita madre que tu amor me diste,
y al tenerme en tus brazos me pusiste  tu eterna bendición…!.

Autor del poema: Crisanto Cuéllar Albaroa.

ORACIÓN QUE PUEDE REZARSE POR NUEVE DÍAS COMO NOVENA

 Oh Virgen Santísima del Carmen. Llenos de la más tierna confianza, como hijos que acuden al corazón de su madre, nosotros venimos a implorar una vez los tesoros de misericordia que con tanta solicitud nos habéis siempre dispensado. Por eso a Ti clamamos en todos nuestros peligros y necesidades seguros de ser benignamente escuchados. Tu eres la Madre de la divina gracia, conserva puras nuestras almas; eres la Torre poderosa de David, defiende el honor y la libertad de nuestros países; eres el Refugio de los pecadores, troncha las cadenas de los esclavos del error y el vicio; eres el consuelo de los afligidos, socorre a las viudas, a los huérfanos y desvalidos; eres el auxilio de los cristianos, conserva nuestra fe y proteged a nuestra Iglesia, en especial a sus obispos, sacerdotes y religiosas.

 Desde el trono de vuestra gloria, atiende nuestras súplicas, ¡Oh Madre del Carmelo!. Abre vuestro manto y cubre con él a todos nuestros países. Te pedimos el acierto para los magistrados, legisladores y jueces; la paz y la piedad para los matrimonios y familias, el santo temor de Dios para los maestros, la inocencia para los niños, y para la juventud una cristiana educación. Apartad de nuestras naciones los terremotos, epidemias y calamidades, alejad de nuestros mares las tormentas y dad la abundancia a nuestros campos y montañas. Sé el remedio de los enfermos, la fortaleza de las almas atribuladas, la protección especial de los moribundos y la redentora de las almas del Purgatorio.

 Oyenos Madre clementísima y permite que vivamos unidos en la vida a la confesión de una misma fe y la práctica de un mismo amor al Corazón Divino de Jesús, podamos ser trasladados de la patria terrenal a la patria inmortal del cielo en que te alabaremos y bendeciremos por los siglos de los siglos. Así sea.

ACCIÓN DE GRACIAS  Y OFRECIMIENTO
¡Oh Virgen Santa del Carmen! Jamás podremos corresponder dignamente a los favores y gracias que nos has hecho al darnos tu santo Escapulario. Acepta nuestro sencillo, pero hondamente sentido, agradecimiento y, ya que nada te podemos dar que sea digno de Ti y de tus mercedes, ofrecemos nuestro corazón, con todo su amor, y toda nuestra vida, que queremos emplear en el amor y servicio de tu Hijo Señor nuestro, y en propagar tu dulce devoción, procurando que todos nuestros hermanos en la fe, con los cuales la divina Providencia nos hace convivir y relacionar, estimen y agradezcan tu gran don, vistiendo el santo Escapulario, y que todos podamos vivir y morir en tu amor y devoción. Amen.

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